23 marzo 2006

Novela y venganza

Compré en Moyano a mitad de precio La segunda mujer, novela de Luisa Castro que ha obtenido un suculento premio. Mientras la leía pensé en lo justo que había sido pagar la mitad. Atendiendo al valor literario de la novela me la tenían que haber regalado, y además un paquetito de bombones, pero como ejercicio vengativo y ocasión para volver a las turbias relaciones entre la verdad y la ficción, trae cuenta pagar nueve euros.

En La segunda mujer Luisa Castro cuenta, dicen, el nacimiento, paraíso e infierno de su relación sentimental con Xavier Rubert de Ventós, conspicuo filósofo pero también personaje muy relevante en la política catalana en los últimos años en su calidad de intelectual orgánico del tripartito catalán y consejero áulico o muñidor del príncipe Maragall. Para los que no sepan quién es la novelista ni su ex-marido, el juicio que les merezca el libro podrá atender sólo a criterios literarios. Pero en el corto ciclo que este libro va a tener, antes de que el olvido haga su trabajo, es significativo, y no se puede desdeñar en aras a una supuesta autonomía del texto, el empeño vengativo, el dolor y la rabia que ha puesto la autora en su retrato de Gaspar-Rubert.

Luisa Castro ha repetido en todas las entrevistas, claro, que no es verdad lo que parece, que ni ella es Julia Varela, la joven enamorada y luego asqueada, ni el crítico Gaspar es Rubert. Pero este empeño parece más que otra cosa un ardid, a juicio de gente que conoce a ambos, o una manera nada fina de tirar la piedra y esconder la mano, o una argucia incluso para sortear posibles quejas. (Hace unos años Carlos Barral tuvo serios quebrantos judiciales por culpa de sus ataques a un tal Gracia, un ejecutivo que le amargó un tiempo su vida editorial y al que hizo aparecer en su seudonovela Penúltimos castigos. Por cierto, tras sufrir pleitos y condenas, Barral, que siempre defendió el estatuto novelesco del libro, convirtió prudentemente a “la hiena” Gracia en García.)

Arcadi Espada señaló hace tiempo que «es muy importante distinguir entre lo que es real y lo que no. ¿Cuándo sabemos qué ocurrió y qué no, dónde está la línea divisoria? Quiero que me digan dónde empiezan los hechos y dónde las ficciones». El asunto parece, así, en general, tremendamente peliagudo, y habrá que volver sobre él. Pero aplicada la reclamación a este caso creo que es pertinente. Porque si se emplea una estructura novelesca para ajustar cuentas, la ficción acaba contaminando fatalmente a la realidad. Y los lectores avisados, y en Cataluña parece que son muchos, es lógico que lean La segunda mujer y se pregunten: ¿cuánto de Rubert hay en Gaspar?; ¿de verdad es así el exquisito intelectual?; ¿es tan mezquino, pusilánime, manipulador e incluso delincuente y maltratador de su propia hija como la escritora lo presenta? ¿O es todo o parte sólo una invención? No lo sabemos, y siendo algunos de los cargos materia de código penal, no creo que la confusión sea baladí.

Casi al final del libro me asaltan de nuevo las dudas. Esto, me digo, tiene que ser una novela. Y es que leo que Julia Varela, la sufrida escritora protagonista, es «la mejor escritora de su generación». No, imposible, esta Julia no puede ser Luisa Castro, la cual, si es la mejor escritora de su generación, que venga dios y lo vea.

4 comentarios:

Betty Blue dijo...

Gracias, gracias, gracias!!!
Me encanta tu Blog querido Ricardo. Me gusta la estética escogida, sin duda tus textos son agudos y exquisitos a mi juicio, pero además estoy segura de que vas hacer reflexionar en múltiples ocasiones y constituye desde hoy una maravillosa referencia para escoger títulos y autores. ¡Qué maravilla poder leerte con frecuencia! Además acabo de descubrir que Pedro también es bloggero. Es genial teneros a los tres On-Line. Estais entre mis enlaces favoritos, y que conste que tengo 5 a lo sumo. Así que os visitaré a diario. Gracias, de nuevo y mis felicitaciones.
Bea

carmenrenteria7-medialuna dijo...

Me encanta Luisa Castro. Es una mujer y escritora auténtica, que pasa de modas y siempre es ella misma. Tiene la libertad para escribir lo que quiera. Me identifico con ella: soy mujer y del norte. De un pueblo pesquero parecido a Foz.Y también es libre para opinar lo que quiera. Su novela es muy buena. Y es delicioso leer lo que cuenta.Desde la medialuna. Carmen.

Anónimo dijo...

Creo que la literatura puede ser buena de diferentes maneras y, en mi opinión, esta novela lo es. Pocas veces una frase dice tanto como en algunas de las aquí leídas, y eso es un gran valor. El esfuerzo por decir mucho con pocas palabras es inteligente. Y al final, la vida tiene un precio y cada uno ha de asumir lo que hace. Gaspar deberá asumirse también.

Zarzamora dijo...

Pues a mí me ha encantado la novela. No tenía ni idea de que se ajustara a la realidad ...Quizá. El tal Gaspar resulta odioso y la pobre escritora demasiado sumisa e inocente.