05 enero 2009

Algunas cosas con las que disfruté en 2008 (II)

El saber del ciudadano. Los nociones capitales de la democracia. El libro de Yasmina Reza, escribí, es impresionista y por tanto parcial y limitado. Este, en cambio, tiene la vocación de lo sistemático y rigurosamente articulado. El resultado, creo, es de altísima calidad, y alcanza las virtudes de un verdadero servicio público, ya que su lectura sí que enseña, y mucho, sobre lo que dice el subtítulo. Aurelio Arteta pensó el volumen, y además buscó a quienes podían ayudarle a redactarlo. Posteriormente revisó a conciencia todas las aportaciones, como debe hacer un “editor” (en el sentido anglosajón del término) que se precie y se tome el trabajo en serio. El resultado, ya digo, me parece muy útil, sobre todo para ese círculo de demócratas que, como escribe el editor en la presentación, “no se jactan de saberlo casi todo sobre democracia, pero que conocen lo bastante de estas cosas para discernir sus carencias a la hora de razonar sobre el negocio común”.


Rolando Villazón. Uno de los regalos del e-mule antes de que dejara de funcionarme. La voz de este tenor es la que más se acerca a mis preferencias. Potente, recia, pero cálida, dotada de una gravedad y al mismo tiempo dulzura que le dejan a uno levitando. Su versión de Una furtiva lágrima, la célebre aria de Donizetti, me gusta más que cualquier otra, más incluso, entre las que conozco, que la de Alfredo Kraus, por ejemplo.


Pablo Guerrero en Iturrama. Pablo Guerrero no tiene casi voz. Nunca anduvo sobrado, pero ahora, en la madurez ya sesentona, sus limitaciones vocales son clamorosas. Eso hace que sus actuaciones impongan una cuota notable de sufrimiento a los que le admiramos por sus maravillosas canciones. Las viejas y las más o menos últimas, las de su disco Plata, de 2005, una joya. Hoy en día es mejor escuchar a Pablo Guerrero en cedé que en directo, pero aun y todo, mereció, y mucho, la pena el encuentro entre el cantante y no más allá de ciento cincuenta personas. Y encima vino con Luis Mendo y Nacho Sáenz de Tejada, dos históricos en plena forma.

Vinieron como golondrinas. Esta novela de William Maxwell se merece el éxito que está logrando en la edición de El Asteroide. Roberto Valencia me alertó sobre ella hace casi dos años, con su crítica excelente en Quimera, pero yo la leí este septiembre pasado. Un padre y dos hijos, tres experiencias en un momento de sus vidas, y detrás el personaje esencial que sostiene a todos, la madre. La novela es, creo, una obra maestra de atención a los detalles y al mismo tiempo elusión, y está magníficamente contada a través de un narrador objetivo, pero que en cada parte del libro se “pega” a uno de los tres protagonistas para que veamos el mundo a su través. Especialmente notables son las partes en que la narración está hecha desde el punto de vista de los dos hijos, ya que Maxwell, como escribió David Lodge a propósito de un libro de Henry James, no lo hace “en su propia voz, ni en un estilo que intente en modo alguno imitar el discurso infantil”. Pero de ese modo “un punto de vista ingenuo es articulado en un estilo maduro: elegante, complejo, sutil”.


Caos calmo. Nani Moretti no dirigió esta película, pero no importa: él la recorre completamente, parece suya. No la mejor de las suyas, cierto (sigo recordando con frecuencia Caro diario). Pero tiene interés y valor esta historia del hombre viudo que pasa los días en la puerta del colegio de su hija, donde le visitan familiares y compañeros de trabajo que, aun llevando una vida más “normal” que él, enseñan pronto sus neurosis y angustias.


El autoestopista, de Roald Dahl. En este blog escribí hace poco sobre mis clases de Tudela. En ellas comenzamos todas las semanas con la lectura en voz alta de un relato. Hace años que comprobé que El autoestopista es formidable para esta modalidad -en la cual cuentos muy superiores dejan escapar una parte sustancial de su potencia-. El cuento de Roald Dahl no es, seguro, el más brillante de los suyos, pero he visto disfrutar con él a gentes de muchas edades, que aprecian su amenidad, la fuerza del personaje, y su orgullo de número uno en su peculiar oficio. En 2008, como en 2007 o años anteriores, Roald Dahl nos hizo pasar a todos los que estábamos esa tarde en Tudela un rato magnífico.


Una lectora nada común, de Alan Bennet. De este escritor de novelas y obras teatrales ya había leído sus dos novelas cortas traducidas en 2003, Con lo puesto y La ceremonia del masaje. Se las recomiendo a cualquiera. Pero Una lectora nada común es mejor, mucho mejor. Por suerte, el libro está funcionando, y han aparecido abundantes críticas y comentarios en prensa y blogs, así que no quiero ser reiterativo. Tuve un viaje Madrid-Pamplona formidable con esta historia, que tantas cosas dice sobre la lectura, el placer, la soledad y la escritura.

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02 enero 2009

Algunas cosas con las que disfruté en 2008 (I)

Espero que los pocos lectores de este blog discontinuo disculpen el siguiente ejercicio de narcisismo. Es de esos que si no se hacen en un blog, ¿dónde hacerlos? Me apetece citar aquí algunos libros, películas y momentos que me hicieron disfrutar en el año ya terminado. Es una relación desordenada, arbitraria y muy parcial. Faltan muchos otros libros trajinados en el año (más de uno mejor que los convocados ahora caprichosamente por la memoria), otros momentos y algunas películas (pocas, que en el cine estoy flojeando). Y aunque todo lo que cito remite a una experiencia personal de 2008, esto no tiene nada que ver con las listas al uso. De hecho, traigo a colación temas o libros de bastantes años atrás. No importa, ¿no?

El alba la tarde o la noche. A Yasmina Reza se le permitió vivir pegada al entonces candidato Nicolas Sarkozy durante unos meses, en una clase de proximidad privilegiada. Así pudo oír muchas cosas, escrutar gestos y miradas, tomar muchas notas que luego “editó” severamente. El resultado es un libro que, en su fragmentación, en su impresionismo, nos dice más sobre la política de hoy, la ambición y el poder que muchos tratados sistemáticos de ciencia política.

Juan Diego Flórez. Gracias al señor Vidal pude escucharlo en el Baluarte, en una tarde que discurrió perfecta. Una voz de potencia y belleza sobresalientes, puesta al servicio de arias y canciones que no me cansan nunca. El crítico más listo de la ciudad, siempre dos palmos por encima de los lugareños, nos recordó, y nada menos que en el título de su comentario, un dato estremecedor: ¡¡Flórez es peruano!!

Pedro Salaberri y Manuel Hidalgo. El libro que el Gobierno de Navarra publicó sobre la trayectoria de Pedro Salaberri es de finales de 2007. Pero este año he leído dos veces (más) el texto que lo abre, y que Manuel Hidalgo urdió después de varias conversaciones con el pintor. Muy sustancioso pero sin ápice de grasa, muy medido, el resumen de Hidalgo es una presentación fenomenal, amistosa pero sobria, de un hombre por tantos conceptos admirable.

La práctica del relato. Este libro de Angel Zapata enseña mucho y bien de cómo escribir literatura, de los engranajes, tuercas, tornillos y cables que hace falta no descuidar al enfrentarse a la escritura literaria. Ameno y directo como una buena charla entre amigos, engañosamente ligero, no me extraña que sea libro de cabecera de muchos talleres del ramo.

Kingston town. Cada vez que escucho esta célebre cancioncilla jamaicana en la versión de Harry Belafonte (ojo, tiene que ser Harry Belafonte, que muchas otras versiones trivializan el tema) me siento mejor. Es preciosa, pero además el intérprete le otorga una rara dulzura, una delicadeza que deja el ánimo risueño.

Una novela rusa. Enmanuelle Carrere contó en El adversario la historia de Jean Pierre Romand, el hombre enredado en tantas mentiras que no halló otro modo de huir de ellas que matando. Aquí, en este “relato real”, Carrere se coloca en el centro del escenario, y no muestra precisamente su perfil más favorecedor: ególatra, inmaduro, tornadizo en sus humores. De paso convoca a su novia, con la que vive una pasión de excesiva intensidad, muy rusa. Y, al fondo, pelea con torturantes sombras familiares: su madre, la eminente historiadora Helene Carrere D’Encause, y su abuelo, un georgiano orgulloso, fracasado y pobre que fue liquidado en 1945 por haber colaborado con los nazis. Todo ello tiene un contrapunto formidable, lo mejor del libro, en el retrato de ciertas personas (¿o personajes?) en una ciudad de provincias de la Rusia actual, una Rusia desolada, absurda y patética, excesiva también, en la que nunca se sabe quién dice la verdad.

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31 diciembre 2008

Charlatanería sobre el siglo veintiuno

Cuenta Yasmina Reza en su libro sobre Nicolás Sarkozy que un día, entre bambalinas, antes de que Sarkozy intervenga en el mitin que le toca, están charlando casi en susurros el entonces candidato a presidente y Henry Guaino, redactor de sus discursos más notables. En un momento de exaltación el político le dice a Guaino:

«Henry, mi discurso del 15 ante los jóvenes, quiero ser completamente distinto, me gustaría empezar diciendo que quiero ser el presidente del siglo veintiuno…

Me río (dice Yasmina Reza).

(Sarkozy) -Te ríes. Vete a la mierda. ¿Sabes lo que quiere decir eso?

Y más tarde, en un aparte:

-Yasmina Reza, ¿me dirás por qué te hace reír lo de presidente del siglo veintiuno?».

Hoy, mientras como algo, escucho La ventana en la cadena Ser. Previamente al pequeño diálogo filosófico semanal entre Manuel Cruz y Manuel Delgado, han estado hablando otras personas de Cuba, en un tono ciertamente crítico con el régimen de los ancianos totalitarios (¿o eran revolucionarios?) que copan el cogollito. Manuel Delgado, molesto con el tono de lo que ha venido oyendo antes de entrar él en antena, se lanza a una defensa del régimen castrista que en pocos segundos es tórrida. Cuando le van a cortar, habla de Cuba como de «el socialismo del siglo XXI».

Yo recuerdo entonces la definición de Harry Frankfurt de bullshit, lo que podríamos traducir más o menos como charlatanería. Palabras o expresiones basura para referirse a algo que no es verdad ni mentira. Es peor. Corrupción semántica y moral del lenguaje.

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30 diciembre 2008

Eduardo Galeano

En Los años contados, las memorias de José Luis Giménez Frontín, aparece Eduardo Galeano, de quien el autor cuenta una sabrosa anécdota. Eduardo Galeano… Su nombre fue importante para mí hace muchos años, cuando leí Días y noches de amor y de guerra, conjunto de fragmentos sobre amor, literatura y mucha política que saboreé de a pocos, con delectación. Galeano, exiliado entonces en España, después de haber tenido que salir a la carrera de su país, Uruguay, en 1973, y seguidamente, con la muerte en los talones, de Argentina al comenzar la dictadura militar en 1976, era ya una figura muy notable de la izquierda intelectual latinoamericana. Una izquierda, claro, castrista, revolucionaria, filocomunista. Cuando a mediados de los ochenta leí su libro más conocido, Las venas abiertas de América Latina, ya no veía las cosas tan claras como años antes, y no fue difícil encontrar, entre la evidencia morosamente detallada de los horrores indudables que los yanquis habían cometido con tantos países del centro y el sur del continente, más de una simpleza, más de una omisión, más de una generalización radicalmente discutible.

Con los años, Eduardo Galeano dejó de interesarme. Lo que he leído de él después me ha parecido flojo, brumoso, de un tono más o menos blandengueseudopoético. No me interesan los vehículos narrativos de los que se vale: fábulas con moraleja, historietas siempre bien dirigidas en el mismo sentido ideológico. Su último gran éxito, Espejos, una suerte de recorrido por la historia que arranca en la noche más remota de los tiempos, me pareció, hasta donde llegué, un catecismo para progres, un prontuario con las píldoras que la gente maja debe tragarse sobre la marcha y el sentido del devenir humano.

La anécdota que presenció Giménez Frontín (vástago rebelde él mismo de de una familia ranciamente burguesa y acomodada en el franquismo) me interesa porque no rezuma sangre, traición, lucha o miseria trágica. No, va de algo mucho más corriente y civil, y por lo mismo más elocuente.

“De pronto Galeano –recuerdo que lucía una americana de muy buen corte y una deslumbrante camisa color salmón de pura seda, naturalmente sin corbata— tal vez en respuesta a una pregunta de alguno de sus jóvenes oyentes, fuera verdad o sólo calculado guiño al auditorio, el caso es que soltó que él siempre se las había ingeniado para no pagar impuestos, eludiendo así conceder su apoyo moral y patrimonial al Estado. Al punto me acordé de aquellas memorables comilonas de Navidad de mi infancia, donde Galeano habría cosechado el más cerrado aplauso de todos los adultos. En el auditorio de la Pedrera, nadie se escandalizó, nadie le preguntó quién pagaba entonces en Uruguay la sanidad, las comunicaciones o la enseñanza. Nadie observó que la conversión de los ciudadanos defraudadores en ciudadanos solidarios era sencillamente obscena. Todos los presentes se mostraron encantados y, como dignos nietos de la burguesía de los años cincuenta, aplaudieron con indecible entusiasmo” (José Luis Giménez-Frontín. Los años contados)

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09 diciembre 2008

Soluciones de izquierda

En El Mundo escriben sobre una concentración el día 6, en Donosti, de Ezker Batua –los chicos de Javi Madrazo, para entendernos- en la cual otro dirigente del grupo, Mikel Arana, reclamó una reforma del texto constitucional. La reseña contiene este fragmento:

(Mikel Arana) denunció que la sociedad se encuentra ante un ‘auténtico fraude constitucional’, porque ‘han vaciado de contenido’ la Constitución de 1978 ‘en todo lo que tiene que ver con el modelo de Estado, los derechos sociales y la planificación económica’, recortando así las competencias de las autonomías (las negritas son mías). ‘Desde el búnker constitucional que han construido PP y PSOE han usurpado competencias a las CCAA’.

Supongo que el salto argumentativo que he subrayado, y que convierte el párrafo en disparatado, hay que cargarlo en el debe de la escasa pericia sintáctica de la periodista. En todo caso, le viene que ni pintado a esta Izquierda Unida de Madrazo, completamente sometida a los dictados de Ibarretxe. Porque vamos a ver: las promesas incumplidas de la Constitución, si las miramos desde el ángulo de la izquierda, ¿se solucionan con más competencias de las autonomías? ¿Esa es de verdad la gran tarea pendiente en el desarrollo constitucional? Y eso lo dicen los de Ezker Batua, estas luminarias de la izquierda, el mismo día en que, en la página siguiente, nos enteramos de que Ibarretxe gastó apenas 124.000 euros en un viaje a la República Dominicana y Argentina en octubre pasado, con un séquito de 19 acompañantes. Menos mal que, “entre otros aspectos”, Ibarretxe dio a conocer a los mandatarios de esos países “nuestras propuestas de lucha contra la crisis”. Más competencias, sí.

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08 diciembre 2008

Lo que todo militante debe leer

Diario de Noticias traía el domingo un reportaje sobre los veinte años de la editorial Txalaparta. Leyéndolo, un lector desinformado podría pensar que Txalaparta es, sin más, una editorial independiente, es decir, no vinculada a los grandes grupos, al estilo de otras pequeñas pero tan valiosas como El Asteroide, Impedimenta o Periférica. En ningún momento del texto la periodista –sea por la ya habitual ignorancia de muchos jóvenes, sea por militancia- alude a un dato fundamental: Txalaparta es una editorial muy directamente ligada al proyecto político de Batasuna. Su responsable es un ideólogo agresivo y notable de esta formación, y en Txalaparta han ido saliendo, en estos años, libros de etarras como De Juana Chaos o Iñaki Gonzalo, historias de eta laudatorias a más no poder, biografías de jefes de la banda como Argala (en realidad, más una hagiografía que otra cosa), o memorias de dirigentes batasunos como Jokin Gorostidi o Jon Idígoras.

Es cierto que Txalaparta ha publicado a otros muchos autores. Pero la inmensa mayoría son o bien escritores españoles que apoyan explícitamente la lucha de Batasuna y la de los pistoleros, o bien autores muertos que ya no pueden decir nada sobre dónde ser editados, o bien autores (por ejemplo, muchos latinoamericanos) que participan activamente de esa mezcolanza de antiimperialismo, guerrillerismo, peronismo matonil, izquierdismo cubano, chavismo y, en fin, nacionalismo radical y terrorista, que anima a diversos grupos en todo el mundo.

Txalaparta cumple una misión nada baladí en la tarea de cohesionar ideológica y vitalmente a la comunidad del nacionalismo terrorista vasco. Dentro de sus posibilidades, elige muy bien a los autores que un militante o simpatizante de esa comunidad debe leer, esos autores que reforzarán su adhesión vibrante a la causa. En un reciente libro de Constantino Bértolo, marxista estalinista de los que quedan pocos, hay una defensa, precisamente, de la utopía política que él denomina una comunidad. Es una utopía que, visto lo visto en los últimos cien años, me atrevo a calificar de totalitaria, pero que, sin embargo, creo que encaja muy bien con lo que representa el pequeño mundo del establo nacionalista batasuno. Un mundo cerrado y autosuficiente en el que el tibio calor comunitario proporciona, al menos a los más brutos o carenciales, seguridad y certidumbres frente a los embates del exterior. Periódicos, radios, grupos musicales, boletines, herrikotabernas, acampadas, manifestaciones y otras concentraciones rituales, posibilidades de ligue y editoriales como Txalaparta, son algunas de las formas de socialización que integran armoniosamente a sus miembros en la comunidad, una comunidad en la que siempre está claro quiénes son los héroes y los mártires, pero también los herejes y renegados. Una comunidad en la que está siempre claro qué es lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, lo aceptable y lo inaceptable.

Una última nota: en el reportaje se habla de algunos de los libros que mayor éxito han dado a Txalaparta. Me llama la atención que no aparezca en esa lista la escritora nicaragüense Gioconda Belli. Su novela La mujer habitada fue, sin duda, un pequeño bestseller para Txalaparta en sus inicios. Pero Gioconda Belli hace años que, como otros veteranos sandinistas, denunció la deriva de tipejos como el violador Daniel Ortega, presidente ahora de nuevo de Nicaragua tras unas elecciones amañadas, corrupto y repulsivo pero amigo del faro de la revolución mundial, Hugo Chávez. ¿Es casual el olvido de Gioconda Belli en este reportajillo sobre Txalaparta?

“Entiendo por comunidad un conjunto de personas que no sólo viven en común, sino que participan activamente de una misma visión de sus vidas y comparten por ello una escala de valores. Una comunidad política y no una simple comunidad “natural”. La comunidad como un espacio social dotado de las siguientes características: capacidad para legitimar los actos de cada uno de sus componentes; capacidad para definir lo bueno y lo malo por encima de los criterios personales; presencia de un proyecto común desde el que delimitar la bondad o la maldad. La comunidad sería ese espacio donde se funden la vida privada y la vida pública (…) Esto implica que la comunidad actúa como un espacio legitimado para imponer criterios. Si no hay criterios, o si el criterio reside en que no haya criterios, no puede haber comunidad”. (Constantino Bértolo. La cena de los notables. Páginas 159-160)

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25 noviembre 2008

Debatir en la red

Desde hace tres años estoy suscrito a Apuntes, una lista de correos (electrónicos) donde se debaten cuestiones de lenguaje. Es la más conocida y veterana en este ámbito, me parece, y fue creada por la agencia Efe, aunque ahora la mantiene y modera la Fundación para el Español Urgente, Fundéu, que nació a partir de la agencia, con dinero del BBVA, y que ofrece servicios de asesoramiento lingüístico a particulares, empresas e instituciones. En estos momentos unas cuatrocientas personas podemos enviar y recibir correos en Apuntes (subscribirse es muy fácil, no se exige ningún requisito, pero los moderadores pueden expulsar a quien burle con descaro los objetivos de la lista). En la práctica son muchos menos quienes plantean dudas y aportan sus criterios u opiniones. La mayoría intervenimos muy esporádicamente; nos limitamos a leer, con más o menos atención, los correos que circulan, y que pueden ser diez los días más silenciosos y sobre cincuenta los de mayor calor participativo.

En Apuntes he asistido a polémicas largas y encarnizadas sobre, sin ir más lejos, el uso de las maýusculas —la mayusculitis, convertida en una plaga del lenguaje administrativo y pomposo, tal vez es la enfermedad que más dudas y enconos suscita en Apuntes—, la introducción en el castellano de vocablos o giros provenientes del inglés, el sentido diverso de determinadas palabras en España y en los países americanos, la mejor forma de verter al castellano expresiones de otras lenguas, el empleo pertinente de cada preposición, e incluso sesudos debates sobre el subjuntivo o los complementos directos e indirectos. En todo caso, Apuntes me permite conocer con frecuencia opiniones muy bien argumentadas, correos espléndidos con los que he aprendido algo de sutilezas lingüísticas, o de lo que es correcto e incorrecto en la lengua que usamos a diario. Apuntes reúne a personas de un montón de países (España, Argentina o México, pero también Finlandia, Canadá o Italia), enzarzadas en un debate riguroso y animado.

En Apuntes, como en cualquier grupo de discusión presencial o virtual, hay criterios con más peso que otros, opiniones que según de quién vengan son aceptadas o comentadas con más o menos respeto. No tiene la misma audiencia, por fijarnos en un ejemplo extremo, un correo de José Martínez de Sousa, el santón de todos los que trabajamos en labores editoriales, que el de un chico que se inicia como traductor freelance con 25 años. Eso es normal, porque, en efecto, la manera de argumentar de Sousa y del joven no poseen habitualmente el mismo rigor, o no están sustentadas por la misma cantidad y calidad de información. Como también es lógico hasta cierto punto que algunos lingüistas o periodistas latinoamericanos hayan abandonado la lista, al advertir en varios de sus pesos pesados (ligados a la RAE o a Efe), con razón o sin ella, un signo muy castellanista, muy defensor de la norma del castellano de España frente a sus variedades americanas.

Pero lo que más me llamó la atención en Apuntes fue, desde el principio, el modo en que si bien se trata de una lista “poco conflictiva”, hay personas en ella con una habilidad portentosa a la hora de esparcir discordia con sus mensajes. Antes que Apuntes, conocí Editexto, otra lista para correctores y locos del lenguaje, organizada por personas que habían desertado, enfadadas, de la lista de Efe. Pero en Editexto brotaron enseguida, junto a intervenciones notables, conflictos y roces que la llevaron a morir por abandono de muchos de sus mejores elementos. Y es que en ella mandaban correos, y además con una asiduidad elevada, gentes que, por encima o debajo de su indudable saber, incluso de su brillantez descollante, introducían frases tan despreciativas hacia el discrepante, marcas o detalles de tal agresividad o desdén, que provocaban con presteza respuestas dolidas, airadas o insultantes, o sencillamente la huida de la lista de los atacados. A la manera del protagonista de Reunión, el cuento de John Cheever que cité aquí hace menos de dos meses, su manera de dirigirse a los demás, en este caso por escrito, envenenaba cualquier intercambio intelectual.

Recuerdo, por dar un ejemplo relativamente conocido, a Carlos Manzano, excelente traductor al castellano de autores como Proust, Celine, Henry Miller, Giorgio Bassani et al, pero autor de correos tan despectivos, agrios y dogmáticos que, triste fama la suya, ha sido expulsado de todas las listas en las que ha querido colocar sus opiniones. Manzano, o la misma coordinadora de Editexto, Silvia Senz, una verdadera experta en trabajos editoriales, u otros más, eran con frecuencia adictos al correo destemplado o brutal. Y no se trataba, me interesa distinguir, de que enviaran mensajes hirientes porque habían caído presas de ese calentón que el correo electrónico facilita por su misma inmediatez, y que constituye un verdadero peligro en las relaciones laborales o personales. No, en ellos era algo más asociado a su manera habitual de afrontar cualquier debate intelectual. Cuando Editexto desapareció, varios de estos belicosos retornaron a Apuntes, pero pronto volvieron las broncas, así que fueron expulsados nuevamente por los moderadores o abandonaron motu proprio.

Menos mal, insisto, que en Apuntes hay aspectos mucho más aprovechables. Por ejemplo, siempre he admirado los correos de un tal Vazman, que no sé quién es ni falta que me hace. Son mensajes muy bien trabados, de indudable vigor argumentativo. Pues bien, este Vazman alimenta, hace un tiempo, otro blog, Historias de Hispania, donde da rienda suelta a su saber histórico (él dice que de puro aficionado). Ahí firma como Juan de Juan. El otro día Vazman-JdJ colgó un post gigantesco, un texto que en PDF ocupa 96 páginas, sobre los últimos meses de Franco y su régimen, con especial atención al mes y medio agónico y final. Me parece que, sin decir nada nuevo, el texto de Vazman es un resumen sobresaliente del mundo postrero y grotesco del dictador.

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