05 abril 2011

Hombres que hablan en bares

Disfrutando la semana pasada de nuevo, y a lo grande, con La versión de Barney (la novela, aclaro, que la película todavía no la he visto), me di cuenta de que había un tipo de escenas cuya aparición aguardaba con gran ilusión: aquéllas en que Barney se aposenta en su bar preferido, Dink, como lleva muchos años haciéndolo, y donde, aparte de beber como un cosaco, pega la hebra con quien sea. En ese bar todos los parroquianos se dedican con entusiasmo al trago, pero les da el cuerpo, entre licor y licor, también para soltar pullas y gansadas, sentencias y filosofar, recordar viejos tiempos, fanfarronear y largar peroratas que nadie escucha, repetirse como una carraca, picarse o insultarse, y, muy de vez en cuando, arriesgar confidencias. Pocas, por descontado, con medias palabras, y entreveradas de mistificaciones, que no en balde hablamos de un mundo muy masculino, rudo, irónico, reservado, incluso machote. Por eso tampoco resulta extraña la figura del bebedor casi mudo. La noche se alarga tontamente, siempre hay quien se anima a otra copa más y lía al resto de la concurrencia, que si la espuela, que si espera un poco, que ponme la última, y la mente se embota, y todos acaban incorporándose con muchas dificultades y yéndose a casa con paso vacilante, entre brumas y veras.

Ese mundo de hombres en bares, horas y horas apostados sobre taburetes en la barra, o de pie sin más –es decir, no sentados alrededor de una mesa en tertulia con un café o simplemente una consumición, con la conversación como eje- me ha procurado momentos muy dichosos en esta novela, pero también en otras. Así, en un primer golpe, recuerdo dos de Richard Russo, Ni un pelo de tonto (en particular gracias al memorable Sully) y Empire Falls, así como varias del primer Luis Mateo Díez, como Las estaciones provinciales, La fuente de la edad o El expediente del náufrago, en las cuales, con el telón de fondo del más negro franquismo, los personajes sólo alcanzaban un modesto respiro en tascuces con barra de zinc y mucho serrín en el suelo, cáscaras de gamba y vino peleón, al tiempo que se repetían sucedidos chuscos o salaces. Y seguro que otros lectores podrían aportar muchos más ejemplos. En la televisión recuerdo una serie de éxito en los ochenta, Cheers.

Lo que hace atractivas esas escenas es la magia de la literatura, por supuesto. Y en particular el humor, sombrío, negrísimo, irónico, sarcástico, cínico, o apoyado en la pura mala leche, en diálogos vivaces que retratan a la perfección a hombres con su punto de turbiedad, desesperanza, misoginia, gracia y dolor.

Cosa distinta es que, si abandonamos los predios de la literatura y el talento del novelista, y nos venimos a los de la realidad más municipal, podamos topar con bastantes especímenes que, después de consumir tantas horas de su vida en los bares, bebiendo, y farfullando con lengua de trapo cuando el alcohol hace su labor, han alcanzado preciados honores en la galería de los fantasmones. En mi vida “real”, si se puede decir así (¿no es real el tiempo que he pasado entre libros?), he conocido a muchos tipos de esos que no pasaban de ser unos fiemos, al menos cuando alcanzaban un grado de maceración suficiente.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

La verdad es que determinadas situaciones, esta muy bien verlas a través de la literatura o la pantalla. Recuerdo hace ya mucho tiempo estar en bares en horas tardías y una de las cosas mas peligrosas era que se te ocurriera "ver" a algun tipo pasado de copas que se agarraba a tu mirada como a un salvavidas.
!Peligro de chapa a la vista¡
Peri

Anónimo dijo...

Por cierto si ves la peli, hablaremos de ella.
Peri

Anónimo dijo...

Desde hace 20 años convivo con un adicto a los bares,desde q se levanta hasta q se acuesta todo el dia en los bares,segun el,no hace nada malo,yo solo se q profesionalmente se ha hundido,se ha quedado sin familia,y esos falsos aduladores q estan en los bares y rien los chistes faciles,nunca dicen o aconsejan q algo no se esta haciendo bien,toda esa clientela,q cuanto mas consuma,mejor y mas rentable es para el negocio,suele caer en un agujero negro,del q dificilmente sale.Yo no estoy en contra de los bares,pero si de determinados baruchos."Tambien se pueden hacer mas cosas en esta vida,q ir a los bares",este tipo de adiccion destruye muchas cosas,pero no se habla de ello,porque es un negocio demasiado importante.

Anónimo dijo...

Yo soy la hija de un hombre de bares y creo que se sufre pero lo peor es que tu padre te da escusas y no pasa el tiempo que te gustaria que pasara contigo .

Anónimo dijo...

Me gustaria que la adiccion a los bares tuviera un nombre para tratarlo como una enfermedad,tal como la ludopatia o como el alcholismo, la dependencia que crea es tal que los que sufren esta enfermedad hechan a perder su vida, quedan atrapados y es practicamente imposible desengancharlos, si no se ponen enfermos, pido ayuda a esta sociedad o a quien lea esto para que si ve o conoce a personas que pasan la mayor parte de su tiempo en los bares, les ayuden a darse cuenta que tienen un gran problema,seguramente muchas de esas personas estaran solas en la vida,pero otras tendran una familia que sufre en silencio, y seguramente al llegar a su hogar sufriran lo indeccible, porfavor pido a quien lea esto ayude a concienciar a las personas que tienen un problema muy grave, si consigo que alguien una sola persona se solidarice con este problema habre podido ayudar a muchas personas que sufren en silencio.

Anónimo dijo...

Y tengo un padre,que va mucho a los bares.Pero es muy horroroso que pase la mayor parte del tiempo en los bares o con sus amigos,me gustaria pasar más tiempo con el,ojala que el vea esto o almenos que se meta en esta pagina ,para verlo .Siempre que se va ,siempre es halos bares si pudiera de dejar de ir, me sentiria muy orgullosa si almenos dejara de ir